Alcachofa - Cynara scolymus
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Nombre científico aceptado: Cynara cardunculus L. var. scolymus.
Sinónimo ampliamente utilizado: Cynara scolymus L.
Familia botánica: Asteraceae.
Nombres comunes: alcachofa, alcaucil, alcachofra, artichoke, globe artichoke.
Parte utilizada en fitoterapia: principalmente las hojas basales o caulinares, especialmente las hojas desarrolladas antes o durante la floración.
Parte utilizada como alimento: el receptáculo carnoso y la base de las brácteas de la inflorescencia inmadura.
Características organolépticas: sabor marcadamente amargo en las hojas; sabor suave, vegetal y ligeramente dulce en la parte comestible de la inflorescencia.
La alcachofa es una planta herbácea robusta, perenne y de gran porte, perteneciente a la familia Asteraceae, la misma familia botánica del diente de león, la manzanilla, la caléndula, el cardo mariano y el girasol.
Puede alcanzar aproximadamente entre uno y dos metros de altura, dependiendo de la variedad, las condiciones climáticas y la fertilidad del suelo.
La planta desarrolla una roseta de hojas grandes, profundamente divididas, de color verde grisáceo o verde plateado. La superficie inferior de las hojas puede presentar una fina vellosidad blanquecina.
El tallo floral es erecto, grueso y ramificado. En sus extremos aparecen grandes capítulos florales rodeados por numerosas brácteas carnosas. Cuando estos capítulos se cosechan antes de abrirse, constituyen la alcachofa utilizada como alimento.
Si se permite que la inflorescencia madure, las brácteas se abren y dejan visible una masa de flores tubulares de color violeta o azulado. Estas flores atraen abejas y otros insectos polinizadores.
La alcachofa cultivada está estrechamente relacionada con el cardo, Cynara cardunculus. La clasificación botánica moderna suele considerar a la alcachofa una variedad cultivada de esta especie, aunque en la literatura medicinal continúa utilizándose ampliamente el nombre Cynara scolymus.
Se considera que la alcachofa se originó a partir de cardos silvestres propios de la región mediterránea.
Su selección y cultivo se desarrollaron durante siglos en zonas del sur de Europa y el norte de África. Actualmente se cultiva en numerosos países de clima templado y mediterráneo.
La planta se desarrolla especialmente bien en:
Climas templados.
Regiones con inviernos moderados.
Suelos profundos y fértiles.
Terrenos con buen drenaje.
Lugares con buena exposición solar.
Condiciones de humedad regular, sin encharcamiento permanente.
Las heladas intensas pueden dañar las hojas y las inflorescencias jóvenes.
La alcachofa posee una larga historia como alimento y como planta medicinal.
En la tradición mediterránea se valoró especialmente como:
Alimento digestivo.
Planta amarga.
Estimulante de la función hepatobiliar.
Favorecedora de la secreción de bilis.
Coadyuvante en digestiones lentas.
Planta utilizada frente a la sensación de pesadez.
Recurso tradicional para acompañar el metabolismo de las grasas.
Planta depurativa.
Coadyuvante en períodos de exceso alimentario.
Apoyo tradicional de la función hepática.
Las hojas, considerablemente más amargas que la parte comestible de la planta, han sido las más utilizadas en fitoterapia.
La Agencia Europea de Medicamentos reconoce el uso tradicional de las preparaciones de hoja de alcachofa para el alivio de trastornos digestivos, particularmente indigestión acompañada de sensación de plenitud, distensión abdominal y flatulencia. Este reconocimiento se basa en su empleo medicinal prolongado.
La parte de la alcachofa que se consume como verdura corresponde al capítulo floral inmaduro.
Esta parte incluye:
La base carnosa de las brácteas.
El receptáculo conocido como corazón.
Parte del tallo tierno.
En cambio, la parte empleada principalmente en fitoterapia corresponde a las hojas verdes de la planta, que poseen un sabor mucho más amargo y una concentración diferente de compuestos fenólicos.
Por este motivo:
Comer alcachofa no equivale a tomar un extracto de hojas.
La inflorescencia comestible no posee necesariamente la misma concentración de principios activos que las hojas medicinales.
Los resultados obtenidos con extractos estandarizados no pueden trasladarse directamente al consumo ocasional de alcachofa como alimento.
La tintura de hojas no es equivalente a la tintura elaborada únicamente con la parte comestible.
La composición química de la alcachofa depende de:
La variedad.
La parte utilizada.
La edad de la planta.
El momento de recolección.
El método de secado.
El lugar de cultivo.
La exposición solar.
El solvente empleado.
El método de extracción.
Entre sus principales grupos de componentes se encuentran:
Ácidos cafeoilquínicos.
Flavonoides.
Lactonas sesquiterpénicas.
Ácidos fenólicos.
Inulina.
Fibras vegetales.
Esteroles.
Minerales.
Compuestos amargos.
Pigmentos.
Entre los componentes más estudiados se encuentran los derivados del ácido cafeoilquínico.
Pueden incluir:
Ácido clorogénico.
Ácido neoclorogénico.
Ácidos dicafeoilquínicos.
Cinarina.
Otros derivados del ácido cafeico.
La cinarina es uno de los compuestos históricamente más asociados con la alcachofa. Sin embargo, su concentración puede ser relativamente baja en la hoja fresca y aumentar o modificarse durante determinados procesos de extracción.
Estos compuestos han sido estudiados por sus posibles efectos:
Antioxidantes.
Hepatoprotectores experimentales.
Coleréticos.
Metabólicos.
Relacionados con el metabolismo del colesterol.
La cinarina es un derivado del ácido dicafeoilquínico.
Se la considera uno de los compuestos marcadores tradicionales de la alcachofa, aunque no es el único responsable de sus efectos.
Se ha investigado por su posible capacidad para:
Favorecer la secreción biliar.
Participar en la protección antioxidante.
Influir sobre el metabolismo de los lípidos.
Contribuir a la acción digestiva de los extractos.
Los efectos de una planta compleja no pueden atribuirse exclusivamente a un único componente. La actividad de la alcachofa probablemente depende de la interacción entre ácidos cafeoilquínicos, flavonoides y lactonas sesquiterpénicas.
Las hojas de alcachofa contienen flavonoides, especialmente derivados de:
Luteolina.
Apigenina.
Quercetina.
Entre ellos pueden encontrarse:
Luteolina.
Luteolina-7-glucósido.
Cinarósido.
Escolimósido.
Apigenina y sus derivados.
Rutina y otros glucósidos flavonoides.
La luteolina ha sido estudiada por su posible participación en la inhibición experimental de la síntesis hepática de colesterol y en la protección de las lipoproteínas frente a la oxidación.
Las hojas contienen compuestos amargos pertenecientes al grupo de las lactonas sesquiterpénicas.
Entre ellas se encuentra la cinaropicrina, uno de los compuestos responsables del sabor intensamente amargo de las hojas.
Estas sustancias pueden participar en:
La estimulación refleja de las secreciones digestivas.
La actividad aperitiva.
La acción eupéptica.
La respuesta digestiva frente a alimentos ricos en grasas.
Las lactonas sesquiterpénicas también pueden ser responsables de reacciones alérgicas en personas sensibles a las plantas de la familia Asteraceae.
La alcachofa, especialmente determinadas partes de la planta, contiene inulina.
La inulina es un fructano, es decir, un tipo de carbohidrato compuesto principalmente por cadenas de fructosa.
No se digiere completamente en el intestino delgado y puede llegar al colon, donde es fermentada por bacterias intestinales.
Por este motivo puede actuar como fibra prebiótica y favorecer el crecimiento de determinadas bacterias beneficiosas.
Sin embargo, en personas sensibles puede producir:
Gases.
Distensión abdominal.
Cólicos.
Fermentación.
Diarrea.
Empeoramiento de síntomas de intestino irritable.
La presencia de inulina explica por qué la alcachofa puede resultar beneficiosa para algunas personas y producir hinchazón en otras.
La parte comestible de la alcachofa aporta:
Fibra.
Potasio.
Magnesio.
Fósforo.
Folatos.
Pequeñas cantidades de vitamina C.
Compuestos fenólicos.
Agua.
Carbohidratos de digestión lenta.
Su valor nutricional depende del tamaño, la cocción y la forma de preparación.
La alcachofa utilizada como alimento puede integrarse en una alimentación variada, especialmente por su contenido de fibra y compuestos fenólicos.
La alcachofa se considera principalmente una planta digestiva, amarga, eupéptica y hepatobiliar.
Tradicionalmente se utiliza para acompañar:
Digestiones lentas.
Sensación de plenitud.
Pesadez después de las comidas.
Distensión abdominal.
Flatulencia.
Eructos.
Náuseas leves de origen digestivo.
Molestias posteriores al consumo de alimentos grasos.
Falta de apetito asociada con debilidad digestiva.
La monografía europea sobre hoja de alcachofa contempla específicamente su empleo tradicional para la indigestión acompañada de plenitud, hinchazón y gases.
El término eupéptico describe una sustancia que favorece el proceso digestivo.
La alcachofa puede actuar mediante diferentes mecanismos:
Su sabor amargo estimula reflejos digestivos.
Puede favorecer la secreción biliar.
Puede contribuir a la digestión de las grasas.
Puede disminuir la sensación de pesadez.
Puede acompañar la motilidad digestiva.
Puede favorecer la tolerancia a determinadas comidas.
El efecto depende de la preparación y no es necesariamente igual en una infusión, una tintura o un extracto concentrado.
Las hojas de alcachofa poseen un sabor intensamente amargo.
El contacto de los compuestos amargos con los receptores gustativos puede estimular de forma refleja:
La salivación.
La secreción gástrica.
La preparación digestiva.
La sensación de apetito.
La respuesta hepatobiliar.
El sabor amargo debe entrar en contacto con la boca para generar plenamente esta respuesta sensorial. Por este motivo, una tintura diluida o una infusión pueden producir una experiencia diferente a la de una cápsula que se traga sin percibir su sabor.
La acción colerética se refiere a la capacidad de una sustancia para estimular la producción o el flujo de bilis.
La bilis es producida por el hígado y participa en:
La emulsificación de las grasas.
La absorción de vitaminas liposolubles.
La eliminación de colesterol.
La excreción de determinados compuestos.
La regulación del ambiente intestinal.
Los extractos de hoja de alcachofa han mostrado actividad colerética en estudios experimentales y en investigaciones clínicas pequeñas.
Este efecto puede ayudar a explicar su uso tradicional frente a digestiones grasas, plenitud y dispepsia.
El término colagogo se utiliza para describir sustancias que favorecen la salida de bilis desde la vesícula o las vías biliares hacia el intestino.
Aunque tradicionalmente se atribuye a la alcachofa una acción colagoga, esta denominación debe utilizarse con prudencia.
En personas sanas puede contribuir a la digestión de las grasas. Sin embargo, en presencia de cálculos, obstrucción biliar o inflamación de la vesícula, estimular el sistema biliar puede resultar inconveniente.
La dispepsia funcional puede manifestarse con:
Plenitud después de comer.
Saciedad precoz.
Pesadez.
Hinchazón.
Eructos.
Dolor o ardor en la parte superior del abdomen.
Náuseas.
Algunos ensayos clínicos con extractos estandarizados de hoja de alcachofa han informado mejorías en síntomas dispépticos y calidad de vida. Uno de los estudios controlados incluyó personas con dispepsia funcional y observó una respuesta superior al placebo tras varias semanas de tratamiento.
Estos resultados se refieren a extractos específicos y no demuestran que cualquier preparación casera produzca el mismo efecto.
La alcachofa se utiliza tradicionalmente para disminuir la sensación de:
Abdomen hinchado.
Acumulación de gases.
Plenitud después de comer.
Digestión pesada.
La mejoría puede relacionarse con el estímulo digestivo y hepatobiliar.
Sin embargo, la propia inulina de la alcachofa puede fermentar y aumentar los gases en personas sensibles.
Por lo tanto, la respuesta puede variar:
Algunas personas experimentan mejor digestión.
Otras presentan mayor distensión.
La hoja medicinal puede comportarse de manera diferente a la parte comestible.
Las personas con sensibilidad a fructanos pueden tolerarla peor.
La alcachofa ha sido tradicionalmente considerada una planta hepatobiliar.
Sus hojas se utilizan para acompañar:
Lentitud digestiva.
Sensación de pesadez.
Digestión deficiente de grasas.
Períodos de exceso alimentario.
Función biliar disminuida.
Recuperación digestiva después de comidas copiosas.
En estudios de laboratorio y animales, los extractos han mostrado posibles efectos hepatoprotectores y antioxidantes. Se han observado acciones sobre:
Estrés oxidativo.
Peroxidación de lípidos.
Sistemas antioxidantes.
Membranas celulares.
Marcadores de daño hepático.
Metabolismo de grasas.
Estos efectos experimentales no justifican afirmar que la alcachofa regenere o desintoxique por sí sola un hígado enfermo.
La alcachofa suele describirse popularmente como depurativa.
Desde una perspectiva fisiológica, esta expresión puede relacionarse con:
Estímulo del flujo biliar.
Eliminación digestiva de ciertos compuestos.
Metabolismo hepático de lípidos.
Aporte de antioxidantes.
Favorecimiento del tránsito intestinal.
No debe interpretarse como una eliminación rápida de toxinas acumuladas ni como una limpieza física del hígado.
El hígado realiza continuamente procesos de transformación y eliminación. Una planta puede modular algunas funciones, pero no sustituye la evaluación ni el tratamiento de una enfermedad hepática.
Los extractos de alcachofa han sido estudiados en personas con hígado graso metabólico.
Algunas investigaciones y revisiones han observado posibles reducciones en:
Alanina aminotransferasa.
Aspartato aminotransferasa.
Otros marcadores hepáticos.
Parámetros lipídicos.
Estrés oxidativo.
Una revisión sistemática y metaanálisis encontró cambios favorables en ciertas enzimas hepáticas, aunque la cantidad y calidad de los estudios disponibles eran limitadas.
La alcachofa no sustituye:
La reducción de peso cuando está indicada.
La alimentación adecuada.
La actividad física.
El control de la diabetes.
El tratamiento de la dislipidemia.
La reducción o eliminación del alcohol.
El seguimiento médico.
Los ácidos cafeoilquínicos y flavonoides han mostrado posibles acciones protectoras sobre células hepáticas en modelos experimentales.
Se han estudiado mecanismos como:
Reducción de radicales libres.
Modulación de enzimas antioxidantes.
Disminución de la oxidación de lípidos.
Protección frente a determinadas sustancias tóxicas.
Regulación del metabolismo lipídico.
Disminución de la acumulación experimental de grasa.
La mayoría de estos resultados procede de modelos celulares o animales.
No deben utilizarse para asegurar que una tintura o infusión protege frente al alcohol, medicamentos hepatotóxicos o sustancias químicas.
La alcachofa ha sido ampliamente estudiada por su posible influencia sobre el colesterol.
Se han propuesto dos mecanismos principales:
Disminución parcial de la síntesis hepática de colesterol.
Aumento de la eliminación de colesterol a través de la bilis.
La luteolina y otros flavonoides han mostrado capacidad para influir experimentalmente sobre la síntesis de colesterol.
El estímulo del flujo biliar también podría contribuir a la eliminación de colesterol.
Diversos ensayos clínicos han evaluado extractos de hoja de alcachofa en personas con colesterol elevado.
Algunas revisiones sistemáticas encontraron reducciones modestas en:
Colesterol total.
Colesterol LDL.
Triglicéridos.
No todos los estudios mostraron la misma magnitud de efecto, y los productos utilizados no fueron idénticos.
La alcachofa puede considerarse un posible complemento dentro de un programa general, pero no sustituye medicamentos hipolipemiantes cuando estos están indicados.
La oxidación de las lipoproteínas LDL participa en el desarrollo de la aterosclerosis.
Los flavonoides y ácidos fenólicos de la alcachofa han mostrado actividad antioxidante que podría ayudar a reducir la oxidación del LDL en modelos experimentales.
Este mecanismo resulta interesante, pero no significa que el consumo de alcachofa prevenga por sí solo infartos, accidentes cerebrovasculares o aterosclerosis.
Los compuestos fenólicos de la alcachofa pueden actuar como antioxidantes.
Se han investigado posibles efectos sobre:
Radicales libres.
Peroxidación lipídica.
Oxidación de proteínas.
Enzimas antioxidantes.
Glutatión.
Protección celular.
La actividad antioxidante puede variar según el extracto y la parte vegetal utilizada.
Las hojas externas, que habitualmente se descartan en la industria alimentaria, pueden contener concentraciones importantes de polifenoles.
Los flavonoides y ácidos fenólicos han sido estudiados por su posible capacidad para modular procesos inflamatorios.
En modelos experimentales se han observado acciones sobre:
Citocinas.
Estrés oxidativo.
Enzimas inflamatorias.
Señales celulares.
Producción de mediadores inflamatorios.
Estos resultados no permiten presentar la alcachofa como tratamiento clínicamente demostrado para artritis, enfermedades autoinmunes o inflamaciones crónicas.
La alcachofa ha sido investigada por su posible influencia sobre:
Glucosa en sangre.
Resistencia a la insulina.
Metabolismo de grasas.
Síndrome metabólico.
Peso corporal.
Circunferencia abdominal.
Algunos estudios pequeños han mostrado cambios favorables en determinados parámetros metabólicos, especialmente cuando se utilizaron extractos estandarizados.
La evidencia sigue siendo insuficiente para recomendar la alcachofa como tratamiento principal de diabetes o resistencia a la insulina.
Las personas que utilizan insulina o medicamentos hipoglucemiantes deben controlar la glucemia si incorporan suplementos concentrados.
La alcachofa alimentaria puede contribuir a una dieta orientada al control del peso porque:
Posee fibra.
Aporta volumen.
Tiene baja densidad energética cuando se prepara sin exceso de grasas.
Puede favorecer la saciedad.
Puede integrarse en comidas vegetales.
Sin embargo, no existe evidencia suficiente para afirmar que la alcachofa o su extracto produzcan por sí solos una pérdida significativa de peso.
Los suplementos comercializados como quemadores de grasa no deben confundirse con el uso tradicional de la planta.
La inulina puede favorecer el crecimiento de determinados microorganismos intestinales.
Por ello, la alcachofa se considera una fuente potencial de fibra prebiótica.
Entre sus posibles efectos se encuentran:
Aumento de bacterias productoras de ácidos grasos de cadena corta.
Favorecimiento de la regularidad intestinal.
Mejora de la consistencia de las heces.
Apoyo a la diversidad microbiana.
Sin embargo, una fermentación rápida puede ocasionar gases y dolor abdominal.
Las personas con:
Síndrome de intestino irritable.
Sensibilidad a FODMAP.
Sobrecrecimiento bacteriano intestinal.
Intolerancia a fructanos.
pueden presentar peor tolerancia.
La alcachofa ha sido utilizada popularmente como planta depurativa y diurética suave.
Se le atribuye la capacidad de favorecer la eliminación de líquidos. No obstante, esta aplicación cuenta con menos respaldo que sus usos digestivos tradicionales.
La Agencia Europea de Medicamentos centra el uso tradicional reconocido de la hoja en las molestias digestivas y no establece como indicación principal el tratamiento de la retención de líquidos.
La retención de líquidos puede relacionarse con enfermedades cardíacas, renales, hepáticas, venosas o endocrinas, por lo que no debe tratarse únicamente con plantas sin conocer la causa.
Además de su posible efecto sobre el colesterol, se han investigado acciones sobre:
Presión arterial.
Función vascular.
Estrés oxidativo.
Inflamación.
Metabolismo lipídico.
La investigación disponible es prometedora, pero no suficiente para considerar la alcachofa un tratamiento cardiovascular independiente.
Los polifenoles de la alcachofa han sido estudiados en modelos celulares por posibles acciones sobre:
Proliferación celular.
Estrés oxidativo.
Apoptosis.
Ciclo celular.
Inflamación.
Estos estudios son experimentales y no demuestran eficacia contra el cáncer en seres humanos.
La alcachofa no sustituye:
Cirugía.
Quimioterapia.
Radioterapia.
Inmunoterapia.
Tratamientos hormonales.
Seguimiento oncológico.
La alcachofa puede utilizarse de diversas maneras.
La inflorescencia inmadura puede consumirse:
Hervida.
Al vapor.
Al horno.
Salteada.
En guisos.
En ensaladas.
En conservas.
Como ingrediente de salsas o rellenos.
La cocción facilita el ablandamiento de las brácteas y del corazón.
El método culinario modifica parte de sus componentes, aunque continúa aportando fibra y nutrientes.
Las hojas secas pueden utilizarse en infusión.
Poseen un sabor marcadamente amargo y suelen emplearse en cantidades moderadas.
La infusión se ha utilizado tradicionalmente antes o después de las comidas, dependiendo de la finalidad:
Antes de comer, como aperitiva.
Después de comer, como digestiva.
En períodos breves, como apoyo hepatobiliar tradicional.
La tintura es una preparación hidroalcohólica obtenida mediante la maceración de las hojas en una mezcla de agua y alcohol.
Puede extraer:
Ácidos fenólicos.
Flavonoides.
Lactonas amargas.
Derivados cafeoilquínicos.
Otros componentes solubles.
Su composición depende de:
La proporción planta-solvente.
La graduación alcohólica.
El estado fresco o seco de las hojas.
El tiempo de maceración.
La temperatura.
La filtración.
La conservación.
La tintura debe utilizarse diluida y respetando la concentración específica del producto.
Los extractos líquidos pueden poseer una concentración superior a la de una infusión.
No todos los extractos líquidos son equivalentes, ya que pueden variar en:
Relación droga-extracto.
Solvente.
Contenido de cinarina.
Contenido de polifenoles.
Dosis recomendada.
Los extractos secos se utilizan habitualmente en cápsulas y comprimidos.
Pueden encontrarse estandarizados en:
Ácidos cafeoilquínicos.
Cinarina.
Ácido clorogénico.
Polifenoles totales.
Los ensayos clínicos sobre dispepsia y colesterol utilizaron extractos concretos, por lo que sus resultados no deben extrapolarse automáticamente a cualquier suplemento.
El jugo fresco puede elaborarse a partir de distintas partes de la planta.
Posee sabor amargo y puede resultar irritante para personas con sensibilidad digestiva.
La estabilidad de sus compuestos es limitada y requiere condiciones higiénicas adecuadas.
La alcachofa suele incluirse en fórmulas junto con:
Diente de león.
Boldo.
Cardo mariano.
Achicoria.
Genciana.
Fumaria.
Romero.
Cúrcuma.
Menta.
Manzanilla.
Jengibre.
La combinación puede aumentar tanto los efectos digestivos como las contraindicaciones.
Por ejemplo, mezclar varias plantas coleréticas puede incrementar el estímulo biliar y no resultar adecuado en personas con cálculos.
La infusión extrae principalmente componentes solubles en agua y ofrece una concentración relativamente baja.
La tintura extrae componentes hidrosolubles y parte de los compuestos solubles en alcohol.
El extracto seco puede concentrar de manera importante ciertos principios activos.
Por lo tanto:
Las dosis no son equivalentes.
La potencia no es la misma.
La duración de uso puede variar.
Las precauciones aumentan con la concentración.
Un ensayo clínico con extracto no demuestra automáticamente eficacia de una infusión.
Las hojas de alcachofa se utilizan principalmente durante períodos limitados.
La EMA establece su uso tradicional en adultos y adolescentes mayores de doce años para molestias digestivas. También señala que debe consultarse con un profesional si los síntomas persisten durante más de dos semanas.
La cantidad adecuada depende de:
La preparación.
La concentración.
La edad.
El objetivo.
La tolerancia digestiva.
La presencia de enfermedades biliares.
Los medicamentos utilizados.
La duración prevista.
Las preparaciones medicinales de hoja de alcachofa deben evitarse o utilizarse bajo supervisión en los siguientes casos:
Obstrucción de las vías biliares.
Colangitis.
Cálculos biliares sintomáticos.
Inflamación aguda de la vesícula.
Enfermedad hepática grave sin evaluación profesional.
Alergia a la alcachofa.
Alergia a plantas de la familia Asteraceae.
Dolor abdominal de causa desconocida.
Embarazo.
Lactancia.
Niños pequeños.
Tratamientos múltiples.
Diarrea persistente.
Síndrome de intestino irritable con sensibilidad a fructanos.
Sobrecrecimiento bacteriano intestinal con mala tolerancia a fibras fermentables.
La alcachofa puede estimular la producción y el flujo de bilis.
Si existe una obstrucción, la bilis no puede circular normalmente. En ese contexto, aumentar la actividad hepatobiliar podría agravar:
Dolor.
Presión.
Náuseas.
Inflamación.
Complicaciones.
Por esta razón, las monografías europeas contraindican las preparaciones de hoja en ciertas afecciones del hígado y las vías biliares que requieren supervisión médica.
No todas las personas con cálculos presentan síntomas.
Sin embargo, cuando existen cálculos conocidos, debe evitarse la automedicación con dosis elevadas de plantas coleréticas o colagogas.
El aumento del flujo biliar podría favorecer el desplazamiento de un cálculo y desencadenar:
Cólico biliar.
Obstrucción.
Colecistitis.
Pancreatitis biliar.
La presencia de dolor intenso bajo las costillas derechas, fiebre, vómitos o coloración amarilla requiere atención médica.
La alcachofa consumida como alimento en cantidades habituales no plantea las mismas preocupaciones que un extracto medicinal.
Sin embargo, no existe información suficiente para establecer la seguridad de:
Tinturas concentradas.
Extractos secos.
Dosis medicinales elevadas.
Tratamientos prolongados.
La monografía europea no recomienda el uso medicinal durante embarazo y lactancia debido a la falta de datos suficientes.
La alcachofa puede consumirse como alimento dentro de una dieta adecuada para la edad.
Las preparaciones medicinales de hoja no deben utilizarse en niños pequeños sin evaluación profesional.
La monografía europea contempla determinados preparados tradicionales únicamente en adultos y adolescentes mayores de doce años.
La alcachofa pertenece a la familia Asteraceae.
Las personas alérgicas a plantas de esta familia pueden presentar reacciones cruzadas con:
Manzanilla.
Caléndula.
Árnica.
Crisantemo.
Margarita.
Ambrosía.
Diente de león.
Cardo mariano.
Las reacciones pueden incluir:
Picazón.
Urticaria.
Enrojecimiento.
Hinchazón.
Irritación oral.
Dificultad respiratoria.
Las reacciones intensas requieren atención inmediata.
Las preparaciones de alcachofa suelen ser bien toleradas, pero pueden producir:
Diarrea leve.
Cólicos abdominales.
Gases.
Distensión.
Náuseas.
Ardor digestivo.
Aumento del tránsito intestinal.
Reacciones alérgicas.
Dolor biliar en personas predispuestas.
La EMA menciona especialmente diarrea leve con espasmos abdominales, molestias epigástricas y posibles reacciones alérgicas.
Las interacciones clínicas de la alcachofa no están completamente definidas.
Se recomienda prudencia cuando se utiliza junto con:
Medicamentos hipolipemiantes.
Fármacos para la diabetes.
Diuréticos.
Medicamentos hepatobiliares.
Tratamientos para enfermedades de la vesícula.
Medicamentos con margen terapéutico estrecho.
Múltiples suplementos digestivos o coleréticos.
El uso alimentario habitual presenta menor riesgo que los extractos concentrados.
Los extractos de alcachofa pueden ejercer un efecto modesto sobre el colesterol.
En combinación con estatinas u otros hipolipemiantes podría producirse un efecto aditivo.
Esto no significa necesariamente que la combinación sea peligrosa, pero requiere seguimiento de:
Colesterol.
Enzimas hepáticas.
Síntomas musculares.
Tolerancia digestiva.
No deben suspenderse medicamentos para reemplazarlos por alcachofa sin indicación profesional.
Algunos estudios sugieren una posible influencia sobre la glucemia.
Las personas que utilizan:
Insulina.
Metformina.
Sulfonilureas.
Otros hipoglucemiantes.
deben vigilar posibles cambios si incorporan extractos concentrados.
La inulina pertenece al grupo de los fructanos, uno de los carbohidratos fermentables incluidos dentro de los FODMAP.
Las personas sensibles pueden presentar:
Distensión.
Gases.
Dolor.
Diarrea.
Sensación de fermentación.
La tolerancia depende de la cantidad y de la parte consumida.
La alcachofa alimentaria puede generar más fermentación que algunos extractos de hoja con menor contenido de inulina.
Las alcachofas frescas deben conservarse:
Refrigeradas.
Protegidas de la deshidratación.
Sin exceso de humedad.
Preferentemente enteras hasta su preparación.
Las hojas medicinales secas deben guardarse:
En recipientes herméticos.
Protegidas de la luz.
Alejadas del calor.
En un ambiente seco.
Correctamente identificadas.
Las tinturas deben conservarse:
En frascos bien cerrados.
Preferentemente de vidrio oscuro.
Protegidas de la luz solar.
Alejadas de fuentes de calor.
Fuera del alcance de niños.
La alcachofa es una planta alimenticia y medicinal de gran importancia en la tradición mediterránea.
La parte comestible corresponde principalmente a la inflorescencia inmadura, mientras que la hoja es la parte más utilizada en fitoterapia.
Sus principales componentes incluyen:
Ácidos cafeoilquínicos.
Cinarina.
Ácido clorogénico.
Luteolina.
Cinarósido.
Lactonas sesquiterpénicas.
Inulina.
Fibra.
Polifenoles.
Sus principales aplicaciones tradicionales se relacionan con:
Digestiones lentas.
Sensación de plenitud.
Pesadez posterior a las comidas.
Flatulencia.
Distensión abdominal.
Apoyo de la función biliar.
Digestión de grasas.
Función hepatobiliar.
Metabolismo del colesterol.
La evidencia más consistente corresponde a su uso tradicional frente a molestias digestivas leves y a ciertos estudios con extractos estandarizados en dispepsia.
Algunas revisiones también sugieren reducciones modestas del colesterol total, LDL y triglicéridos, aunque los resultados dependen del extracto y no sustituyen el tratamiento médico.
Sus posibles efectos hepatoprotectores, antioxidantes, antiinflamatorios y metabólicos resultan prometedores, pero buena parte de la investigación procede de modelos experimentales o estudios clínicos pequeños.
La alcachofa no debe describirse como una planta capaz de limpiar completamente el hígado, disolver cálculos biliares, curar el hígado graso o reemplazar medicamentos.
Debido a su acción sobre la bilis, debe utilizarse con especial precaución en personas con cálculos, obstrucción biliar, inflamación de la vesícula o enfermedad hepatobiliar diagnosticada.
Utilizada responsablemente, la hoja de alcachofa puede considerarse una planta amarga, digestiva y hepatobiliar, especialmente apropiada para acompañar la sensación de plenitud, la distensión y las digestiones pesadas.
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