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Nombre científico: Allium sativum L.
Familia botánica: Amaryllidaceae.
Subfamilia: Allioideae.
Nombres comunes: ajo, ajo común, ajo cultivado, garlic.
Parte utilizada: bulbo, formado por numerosos bulbillos conocidos popularmente como dientes de ajo.
Características organolépticas: olor intenso, penetrante y azufrado; sabor picante, ligeramente ardiente y persistente.
El ajo es una planta herbácea, bulbosa y perenne, aunque habitualmente se cultiva como especie anual. Pertenece al género Allium, dentro del cual también se encuentran la cebolla, el puerro, la chalota y el cebollino.
La planta puede alcanzar aproximadamente entre 30 y 80 centímetros de altura. Presenta hojas largas, estrechas, planas y de color verde azulado, que nacen desde la base y rodean parcialmente el tallo.
Su órgano subterráneo es un bulbo compuesto, recubierto por varias capas membranosas blanquecinas o ligeramente violáceas. En su interior se encuentran numerosos bulbillos individuales, denominados dientes, cada uno de ellos rodeado por una cubierta fina y protectora.
El tallo floral, cuando aparece, es erecto y termina en una inflorescencia globosa o umbela, compuesta por pequeñas flores blanquecinas, rosadas o verdosas. Algunas variedades cultivadas producen pocos frutos fértiles y se reproducen principalmente mediante la plantación de sus dientes.
Aunque su origen exacto continúa siendo objeto de estudio, se considera que el ajo procede probablemente de Asia central o de regiones situadas entre Asia central y el nordeste de Irán. Desde allí se difundió hacia el Mediterráneo, Europa, África y posteriormente hacia el continente americano.
Actualmente se cultiva en numerosas regiones del mundo y posee una doble importancia: alimentaria, como condimento, y tradicionalmente medicinal.
El ajo es una de las plantas alimenticias y medicinales más antiguamente utilizadas por la humanidad. Existen referencias históricas sobre su empleo en las civilizaciones egipcia, griega, romana, india, china y árabe.
En el antiguo Egipto se utilizaba como alimento entre trabajadores y soldados, probablemente por considerarse fortalecedor y estimulante de la resistencia física. En Grecia y Roma fue empleado como alimento, digestivo, expectorante, antiséptico y remedio popular frente a diferentes afecciones.
Diversos sistemas médicos tradicionales le atribuyeron propiedades:
Digestivas.
Carminativas.
Expectorantes.
Antimicrobianas.
Antiparasitarias.
Circulatorias.
Hipotensoras.
Hipolipemiantes.
Antisépticas.
Estimulantes de las defensas.
Tónicas generales.
También se utilizó tradicionalmente para acompañar resfriados, tos, congestión respiratoria, trastornos digestivos, parasitosis intestinales y problemas relacionados con la circulación.
La Agencia Europea de Medicamentos reconoce el uso tradicional de determinadas preparaciones de ajo como coadyuvantes en la prevención de la aterosclerosis y para el alivio de síntomas asociados con el resfriado común. Esta clasificación se basa en la tradición prolongada de uso, no necesariamente en una demostración clínica concluyente para todas sus aplicaciones.
La composición química del ajo depende de factores como:
La variedad cultivada.
El tipo de suelo.
Las condiciones climáticas.
La maduración del bulbo.
El almacenamiento.
La forma de trituración.
La temperatura de procesamiento.
El método de extracción.
Sus componentes más característicos son los compuestos organosulfurados.
En el diente de ajo intacto se encuentra principalmente aliína, también denominada sulfóxido de S-alil-L-cisteína. Esta sustancia se mantiene separada de una enzima llamada aliinasa mientras las células vegetales permanecen enteras.
Cuando el ajo se corta, pica, machaca o mastica, se rompen sus estructuras celulares. La aliína entra entonces en contacto con la aliinasa, que la transforma rápidamente en alicina.
La alicina es un compuesto muy reactivo e inestable, responsable de gran parte del olor característico del ajo recién triturado. No se encuentra en cantidades significativas en el diente intacto, sino que se forma después de producirse el daño en el tejido vegetal.
La alicina puede degradarse posteriormente y originar otros compuestos azufrados, algunos de los cuales también poseen actividad biológica.
Además de aliína y alicina, el ajo puede contener o producir:
Ajoeno.
Disulfuro de dialilo.
Trisulfuro de dialilo.
Sulfuro de dialilo.
Vinilditiínas.
S-alilcisteína.
S-alilmercaptocisteína.
Sulfuros de alilo.
Péptidos azufrados.
Derivados de la cisteína.
Las cantidades de estos compuestos varían considerablemente según la preparación.
El ajo fresco machacado, el ajo seco en polvo, el aceite de ajo, el macerado oleoso y el extracto de ajo envejecido no poseen la misma composición química ni pueden considerarse preparados equivalentes.
Además de los compuestos azufrados, el bulbo contiene:
Fructanos.
Aminoácidos.
Proteínas.
Saponinas.
Flavonoides.
Ácidos fenólicos.
Minerales.
Vitaminas en pequeñas cantidades.
Enzimas.
Compuestos volátiles.
Entre sus minerales pueden encontrarse potasio, fósforo, calcio, magnesio, hierro, zinc, manganeso y selenio, aunque su concentración depende del suelo y de las condiciones de cultivo.
El modo de preparar el ajo modifica de manera importante su composición.
Al cortar o machacar el diente se activa la aliinasa y comienza la formación de alicina. Sin embargo, esta enzima puede inactivarse por exposición inmediata a temperaturas elevadas.
Por este motivo, el ajo crudo recién triturado no posee exactamente la misma composición que el ajo cocido, hervido o frito.
Dejar reposar brevemente el ajo después de triturarlo permite que parte de la aliína se transforme en alicina antes de la cocción. No obstante, la cantidad final de compuestos activos sigue dependiendo del tiempo, la temperatura y el método culinario.
La cocción no vuelve inútil al ajo como alimento, pero puede reducir determinados compuestos volátiles y modificar su perfil fitoquímico.
El ajo es una de las plantas más estudiadas en relación con el sistema cardiovascular. Sus preparados han sido investigados por sus posibles efectos sobre:
La presión arterial.
Los lípidos sanguíneos.
La función endotelial.
La agregación plaquetaria.
El estrés oxidativo.
La elasticidad vascular.
La progresión de procesos ateroscleróticos.
No obstante, la magnitud de sus efectos depende del tipo de preparado, la dosis, el tiempo de uso y las características de la persona.
Algunos ensayos clínicos y revisiones sistemáticas sugieren que ciertos suplementos de ajo pueden producir una reducción moderada de la presión arterial en personas con hipertensión.
Se han propuesto varios mecanismos:
Favorecimiento de la vasodilatación.
Modulación de la producción de óxido nítrico.
Influencia sobre el sulfuro de hidrógeno vascular.
Disminución del estrés oxidativo.
Posible interferencia con determinados mecanismos relacionados con la contracción vascular.
Sin embargo, los resultados no son uniformes y muchos estudios son pequeños, utilizan productos diferentes o presentan limitaciones metodológicas. El ajo puede considerarse, en algunos casos, un posible complemento de las medidas médicas y nutricionales, pero no sustituye los fármacos antihipertensivos cuando estos son necesarios.
Diversos preparados de ajo han sido estudiados por su posible capacidad para disminuir el colesterol total y, en menor medida, ciertas fracciones lipídicas.
Algunas revisiones han encontrado pequeñas reducciones del colesterol total después de varias semanas o meses de suplementación. Sin embargo, los resultados para colesterol LDL, colesterol HDL y triglicéridos son menos consistentes.
Cuando existe un efecto, suele ser modesto en comparación con el obtenido mediante medicamentos hipolipemiantes. Por lo tanto, el ajo no debe considerarse un reemplazo directo de las estatinas u otros tratamientos indicados para personas con riesgo cardiovascular elevado.
Algunos compuestos azufrados del ajo pueden disminuir la activación o agregación de las plaquetas. Este efecto podría contribuir a una circulación más fluida, pero también puede incrementar el riesgo de sangrado en determinadas circunstancias.
Esta propiedad resulta especialmente importante en personas que utilizan:
Warfarina.
Acenocumarol.
Heparinas.
Aspirina.
Clopidogrel.
Otros antiagregantes plaquetarios.
Anticoagulantes orales directos.
El ajo empleado como alimento normalmente representa un riesgo menor que los suplementos concentrados. Sin embargo, las preparaciones medicinales o dosis elevadas requieren precaución.
La Agencia Europea de Medicamentos recomienda cautela cuando se utilizan preparados de ajo junto con anticoagulantes o antiagregantes.
Los compuestos organosulfurados y fenólicos del ajo han mostrado capacidad antioxidante en diferentes modelos experimentales.
Se han investigado posibles acciones relacionadas con:
Neutralización de radicales libres.
Protección de lípidos frente a la oxidación.
Preservación de sistemas antioxidantes celulares.
Aumento o mantenimiento del glutatión.
Modulación de enzimas antioxidantes.
Reducción de la oxidación de lipoproteínas.
Estos mecanismos podrían contribuir a algunos de sus efectos cardiovasculares y celulares. Sin embargo, las propiedades antioxidantes observadas en laboratorio no permiten afirmar que el ajo prevenga o cure por sí solo enfermedades relacionadas con el estrés oxidativo.
El ajo y especialmente la alicina han mostrado actividad frente a diferentes microorganismos en estudios de laboratorio.
Se han investigado efectos frente a:
Bacterias grampositivas.
Bacterias gramnegativas.
Hongos.
Levaduras.
Algunos virus.
Determinados protozoos y parásitos.
La alicina puede reaccionar con grupos sulfhidrilo presentes en enzimas y proteínas microbianas, alterando procesos necesarios para la supervivencia de algunos microorganismos.
Otros compuestos, como ajoeno, vinilditiínas y sulfuros de dialilo, también han mostrado diferentes grados de actividad antimicrobiana experimental.
No obstante, la actividad observada en una placa de laboratorio no demuestra que el consumo oral de ajo pueda alcanzar las mismas concentraciones dentro del organismo.
El ajo no debe sustituir antibióticos, antifúngicos o antiparasitarios cuando existe una infección diagnosticada que requiere tratamiento específico.
En investigaciones experimentales, los extractos de ajo han mostrado actividad frente a microorganismos como:
Staphylococcus aureus.
Escherichia coli.
Salmonella spp.
Klebsiella spp.
Pseudomonas aeruginosa.
Helicobacter pylori.
Otras bacterias.
La intensidad de esta acción depende de la concentración, el método de extracción y la sensibilidad del microorganismo.
El ajo crudo triturado puede tener una composición antimicrobiana diferente a la de un ajo hervido o un suplemento desodorizado.
La alicina y otros compuestos del ajo han mostrado actividad experimental frente a diferentes hongos y levaduras, incluyendo especies del género Candida.
Se han propuesto acciones sobre:
La membrana celular del hongo.
Las enzimas con grupos tiol.
La formación de biopelículas.
La capacidad de adhesión.
El metabolismo celular.
A pesar de estos hallazgos, aplicar ajo crudo directamente sobre la piel o las mucosas puede ocasionar irritación intensa, dermatitis o quemaduras químicas.
No se recomienda introducir ajo crudo en la vagina ni aplicarlo directamente sobre mucosas sensibles.
El ajo posee una larga tradición como vermífugo y antiparasitario intestinal. Se utilizó popularmente frente a lombrices, oxiuros y otros organismos intestinales.
En estudios de laboratorio y animales se han observado posibles efectos frente a ciertos helmintos, protozoos y microorganismos gastrointestinales. Sin embargo, la evidencia clínica en seres humanos es insuficiente para establecer al ajo como tratamiento único de una parasitosis.
Ante una sospecha de parásitos intestinales se requiere identificar el organismo y valorar el tratamiento correspondiente. El ajo puede considerarse un alimento o complemento tradicional, pero no reemplaza un diagnóstico coproparasitario ni la medicación antiparasitaria indicada.
El ajo ha sido empleado tradicionalmente durante resfriados y afecciones respiratorias leves.
Su olor intenso y sus compuestos volátiles han favorecido su inclusión en preparados destinados a acompañar:
Tos.
Congestión.
Catarros.
Acumulación de mucosidad.
Molestias de garganta.
Resfriados frecuentes.
La monografía europea contempla su uso tradicional para el alivio de síntomas asociados con el resfriado común.
No obstante, la evidencia clínica para prevenir o acortar los resfriados continúa siendo limitada. Tampoco sustituye la evaluación médica ante fiebre persistente, dificultad respiratoria, dolor torácico o empeoramiento progresivo.
Los compuestos del ajo han sido estudiados por su posible capacidad para modular determinadas funciones inmunitarias.
En investigaciones experimentales se han observado efectos sobre:
Actividad de macrófagos.
Producción de ciertas citocinas.
Actividad de células natural killer.
Proliferación de algunos linfocitos.
Respuesta inflamatoria.
Mecanismos antioxidantes celulares.
Estos hallazgos sugieren una actividad inmunomoduladora potencial, pero no significa que el ajo aumente indiscriminadamente las defensas ni que pueda tratar enfermedades inmunológicas.
La respuesta inmunitaria es compleja y no siempre resulta conveniente estimularla, especialmente en personas con enfermedades autoinmunes, tratamientos inmunosupresores o trasplantes.
La alicina, la S-alilcisteína y otros compuestos azufrados han sido investigados por su capacidad para modular vías relacionadas con la inflamación.
Se han descrito efectos experimentales sobre:
Producción de citocinas inflamatorias.
Activación de factores de transcripción.
Estrés oxidativo.
Síntesis de determinados mediadores inflamatorios.
Actividad de algunas enzimas vinculadas con la inflamación.
Estos resultados proceden principalmente de estudios celulares y animales. No justifican utilizar el ajo como único tratamiento de enfermedades inflamatorias crónicas.
El ajo ha sido investigado por su posible influencia sobre:
Glucemia.
Sensibilidad a la insulina.
Metabolismo hepático de la glucosa.
Estrés oxidativo asociado con la diabetes.
Perfil lipídico.
Algunas investigaciones han observado pequeñas mejoras en determinados parámetros metabólicos, pero los resultados siguen siendo variables.
Las personas que utilizan insulina o medicamentos hipoglucemiantes deben tener precaución con los suplementos concentrados, ya que una combinación de sustancias con efecto reductor de la glucemia podría aumentar el riesgo de hipoglucemia.
El ajo no sustituye el tratamiento médico, la alimentación adecuada, el ejercicio ni el control de la glucemia.
Los vegetales del género Allium, entre ellos el ajo y la cebolla, han sido estudiados por su posible relación con un menor riesgo de ciertos tipos de cáncer.
Algunos estudios observacionales han encontrado asociaciones entre el consumo habitual de vegetales Allium y una menor incidencia de determinados tumores digestivos. Sin embargo, estas asociaciones pueden estar influenciadas por el conjunto de la alimentación, el estilo de vida y otros factores.
En laboratorio se han estudiado mecanismos como:
Modulación de enzimas de detoxificación.
Protección frente al daño oxidativo.
Inducción de apoptosis en células alteradas.
Modulación del ciclo celular.
Inhibición experimental de determinados procesos proliferativos.
Influencia sobre la formación de compuestos potencialmente carcinógenos.
Estos resultados no demuestran que el ajo o sus suplementos curen el cáncer. Tampoco existe evidencia suficiente para recomendar suplementos de ajo como método comprobado de prevención oncológica.
El ajo puede formar parte de una alimentación variada, pero no sustituye los estudios preventivos ni los tratamientos oncológicos.
En cantidades alimentarias, el ajo puede estimular las secreciones digestivas y se ha utilizado tradicionalmente como carminativo.
Popularmente se emplea para acompañar:
Digestiones lentas.
Sensación de pesadez.
Fermentación intestinal.
Falta de apetito.
Gases.
Sin embargo, no todas las personas lo toleran de la misma manera.
El ajo, especialmente crudo, puede provocar:
Ardor gástrico.
Reflujo.
Distensión abdominal.
Eructos.
Náuseas.
Dolor abdominal.
Diarrea.
Irritación intestinal.
Además, contiene fructanos, carbohidratos fermentables que pueden aumentar la distensión y los gases en personas con síndrome de intestino irritable o sensibilidad a los alimentos ricos en FODMAP.
Los fructanos del ajo pueden servir como sustrato para determinadas bacterias intestinales. Desde esta perspectiva, el ajo puede ejercer un efecto prebiótico al favorecer el crecimiento de ciertos microorganismos beneficiosos.
No obstante, la fermentación de estos compuestos también puede aumentar:
Gases.
Distensión.
Cólicos.
Malestar intestinal.
Por lo tanto, un alimento potencialmente prebiótico no necesariamente es bien tolerado por todas las personas.
El ajo puede emplearse en diferentes formas, cada una con una composición particular.
Es el bulbo crudo utilizado como alimento o preparado tradicional.
Al cortarlo o machacarlo se produce alicina. Su sabor, olor y potencial irritante son más intensos que los del ajo cocido.
La cocción suaviza el sabor y disminuye parte de los compuestos volátiles. Puede ser mejor tolerado a nivel digestivo, aunque su composición no es idéntica a la del ajo crudo.
Se elabora mediante deshidratación y molienda. La calidad de estos productos depende de que se preserve una cantidad adecuada de aliína y actividad de aliinasa.
La tintura es una preparación hidroalcohólica obtenida mediante la maceración del ajo en una mezcla de agua y alcohol.
Puede extraer diferentes compuestos azufrados y otros componentes según:
La graduación alcohólica.
La proporción entre ajo y solvente.
El tiempo de maceración.
El uso de ajo fresco o seco.
El grado de trituración.
Las condiciones de conservación.
La tintura debe utilizarse diluida y de acuerdo con su concentración específica.
No todas las tinturas poseen la misma cantidad de alicina, ya que este compuesto es inestable y puede transformarse durante el proceso de elaboración y almacenamiento.
Se obtiene dejando el ajo en contacto con un aceite vegetal.
Esta preparación extrae principalmente compuestos liposolubles. No posee necesariamente la misma composición que el ajo crudo ni que el aceite esencial.
Cuando se prepara de forma casera, el ajo conservado en aceite puede representar un riesgo de desarrollo de Clostridium botulinum si se mantiene durante tiempo prolongado a temperatura ambiente.
Por esta razón, las preparaciones caseras de ajo en aceite deben conservarse refrigeradas y utilizarse rápidamente, respetando prácticas adecuadas de higiene y conservación.
Es un producto altamente concentrado, obtenido por destilación. Contiene principalmente compuestos azufrados volátiles y posee un olor extremadamente intenso.
No debe confundirse con la tintura ni con el aceite macerado.
Su uso interno requiere especial precaución debido a su concentración y capacidad irritante.
Se elabora mediante un proceso prolongado de extracción y envejecimiento, habitualmente en una solución hidroalcohólica.
Durante este proceso disminuyen ciertos compuestos irritantes e inestables y aumentan otros compuestos hidrosolubles más estables, como la S-alilcisteína.
Muchos estudios cardiovasculares han utilizado extractos de ajo envejecido, por lo que sus resultados no pueden trasladarse automáticamente al ajo crudo, a una tintura o a cualquier suplemento comercial.
Pueden contener:
Ajo seco en polvo.
Extractos estandarizados.
Aceite de ajo.
Extracto envejecido.
Preparaciones desodorizadas.
La expresión “suplemento de ajo” no describe un único producto. Dos suplementos pueden tener composiciones, dosis y efectos muy diferentes.
El ajo crudo recién machacado se caracteriza por la formación rápida de alicina.
Las tinturas pueden contener productos derivados de la alicina, pero su concentración depende del proceso de elaboración.
El extracto envejecido contiene menor cantidad de alicina y mayor proporción de compuestos estables, como S-alilcisteína.
Los aceites contienen principalmente componentes liposolubles y sulfuros de dialilo.
Por lo tanto, las propiedades y dosis de una presentación no deben aplicarse automáticamente a otra.
El ajo utilizado como alimento suele ser bien tolerado por la mayoría de las personas.
Las preparaciones medicinales concentradas requieren mayor precaución, especialmente cuando existe:
Tratamiento anticoagulante.
Hipotensión.
Gastritis.
Reflujo.
Úlcera.
Síndrome de intestino irritable.
Cirugía programada.
Trastornos de la coagulación.
Tratamiento para la diabetes.
Uso simultáneo de varios medicamentos.
La dosis debe adaptarse a la presentación y concentración del producto. No puede establecerse una equivalencia directa entre un diente de ajo, una tintura, un aceite esencial y un extracto seco.
Se recomienda evitar o utilizar bajo supervisión profesional los suplementos concentrados de ajo en los siguientes casos:
Alergia al ajo, cebolla u otras especies del género Allium.
Trastornos hemorrágicos.
Tratamiento anticoagulante o antiagregante.
Cirugía próxima.
Úlcera gastroduodenal activa.
Gastritis severa.
Reflujo gastroesofágico importante.
Hipotensión sintomática.
Tratamiento hipoglucemiante.
Enfermedad digestiva que empeore con alimentos fermentables.
Uso de medicamentos con un margen terapéutico estrecho.
Debido a su posible efecto sobre la agregación plaquetaria, los suplementos de ajo pueden aumentar el riesgo de sangrado durante o después de una cirugía.
Antes de una intervención quirúrgica, extracción dental o procedimiento invasivo, debe informarse al profesional sobre cualquier suplemento de ajo utilizado.
No debe suspenderse ni mantenerse un suplemento por decisión propia cuando existe un tratamiento anticoagulante; la conducta debe ser indicada por el profesional responsable.
El ajo utilizado en cantidades alimentarias normales se considera generalmente aceptable durante el embarazo y la lactancia.
Sin embargo, no existe información suficiente para garantizar la seguridad de todas las preparaciones concentradas, tinturas o dosis medicinales elevadas.
Durante el embarazo se recomienda especial precaución debido a su posible efecto sobre la coagulación y a la falta de datos suficientes sobre preparados concentrados.
El olor y algunos compuestos del ajo pueden pasar a la leche materna y modificar temporalmente su sabor, aunque esto no implica necesariamente toxicidad.
El ajo como ingrediente alimentario puede incluirse dentro de una dieta apropiada para la edad.
Las tinturas, extractos concentrados y aceites esenciales no deben administrarse a niños sin una valoración profesional.
La aplicación directa de ajo crudo sobre la piel infantil puede producir irritación o quemaduras.
Los efectos adversos más frecuentes son:
Olor en el aliento.
Olor corporal.
Ardor bucal.
Acidez.
Reflujo.
Náuseas.
Distensión abdominal.
Gases.
Diarrea.
Dolor abdominal.
Irritación de piel o mucosas.
El NCCIH señala como efectos habituales el olor corporal o del aliento, la acidez y el malestar digestivo.
En personas sensibles también pueden producirse:
Dermatitis de contacto.
Urticaria.
Reacciones alérgicas.
Crisis asmáticas ocupacionales por exposición intensa.
Mayor tendencia al sangrado.
Descenso excesivo de la presión arterial.
Hipoglucemia en combinación con otros tratamientos.
El ajo crudo triturado no debe mantenerse durante períodos prolongados sobre la piel.
Sus compuestos azufrados pueden causar:
Enrojecimiento.
Irritación.
Ampollas.
Dermatitis.
Quemaduras químicas.
El riesgo aumenta cuando se cubre el ajo con un vendaje oclusivo, plástico o compresa durante varias horas.
Tampoco debe aplicarse directamente sobre ojos, genitales, heridas abiertas o mucosas.
Los suplementos de ajo pueden interactuar con:
Anticoagulantes.
Antiagregantes plaquetarios.
Antihipertensivos.
Hipoglucemiantes.
Algunos antivirales.
Medicamentos metabolizados por determinadas enzimas hepáticas.
Otros suplementos con efecto anticoagulante.
La relevancia de una interacción depende de la dosis, el preparado, el medicamento y el estado de la persona.
Las cantidades culinarias habituales presentan menor riesgo que los extractos o suplementos concentrados.
Los bulbos enteros deben conservarse en un lugar:
Fresco.
Seco.
Ventilado.
Protegido de la humedad.
Alejado de la luz solar directa.
No se recomienda guardar bulbos enteros en recipientes completamente cerrados si existe humedad, ya que puede favorecerse el desarrollo de moho.
El ajo triturado pierde progresivamente parte de sus compuestos volátiles y debe utilizarse preferentemente poco después de su preparación.
Las tinturas deben conservarse en envases bien cerrados, protegidos de la luz y correctamente identificados.
El ajo es una planta alimenticia y medicinal de gran importancia histórica. Su composición está dominada por compuestos organosulfurados, entre los cuales destacan aliína, alicina, ajoeno, S-alilcisteína y diversos sulfuros de dialilo.
Sus aplicaciones tradicionales se relacionan principalmente con:
El cuidado de la circulación.
El acompañamiento de resfriados.
La digestión.
La eliminación de gases.
El apoyo frente a microorganismos.
Su utilización popular como antiparasitario.
El mantenimiento general de la salud cardiovascular.
La investigación moderna ha identificado posibles efectos:
Antimicrobianos.
Antioxidantes.
Antiinflamatorios.
Hipotensores.
Hipolipemiantes.
Antiagregantes plaquetarios.
Inmunomoduladores.
Metabólicos.
Sin embargo, estos efectos varían considerablemente según la preparación utilizada. El ajo fresco, el ajo cocido, la tintura, el aceite, el extracto seco y el extracto envejecido no son equivalentes.
La evidencia más consistente sugiere que algunos preparados podrían producir reducciones modestas de la presión arterial o del colesterol en determinadas personas. Esto no significa que prevengan por sí solos enfermedades cardiovasculares ni que sustituyan los tratamientos médicos.
Sus propiedades antimicrobianas están ampliamente documentadas en estudios experimentales, pero no convierten al ajo en un sustituto universal de antibióticos, antifúngicos o antiparasitarios.
Utilizado como alimento, el ajo forma parte de una dieta saludable y aporta sabor, compuestos azufrados y sustancias bioactivas. Cuando se emplea en dosis concentradas o como suplemento, deben considerarse sus efectos digestivos, su posible acción antiagregante y sus interacciones con medicamentos.
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