Los suplementos son productos pensados para complementar la alimentación, no para reemplazarla.
Pueden aportar nutrientes o compuestos específicos como vitaminas, minerales, aminoácidos, proteínas, colágeno, extractos vegetales, enzimas, probióticos o ácidos grasos. El NIH los define justamente como productos destinados a suplementar la dieta, y no como medicamentos.
En palabras simples: un suplemento es algo que se toma para apoyar una función del organismo cuando la alimentación, la edad, el desgaste, el estrés, el deporte o una necesidad particular hacen conveniente reforzar ciertos nutrientes.
